sábado, 5 de enero de 2013

Agradecimientos III Concurso «Mejor entrada»


Ayer día 4 de enero de 2013 se publicaron las últimas entradas de los participantes en el III Concurso «Mejor entrada» del Blog Derecho y Cultura y la Biblioteca de Derecho de la UAM. Queremos agradecer a todos los participantes las entradas que nos han enviado y, en especial, al Colegio Internacional Altair de Madrid. Los alumnos de este Colegio han enviado 18 entradas que pueden leerse en el Blog. Deseamos que esta participación del Colegio Altair se mantenga para las próximas ediciones.

En breve publicaremos un resumen con referencias a las entradas participantes en el concurso y con la fecha de la adjudicación de premios.

viernes, 4 de enero de 2013

Neurociencias y responsabilidad penal

Por Jorge Aragonés Espinel
Estudiante de bachillerato, Colegio Internacional Altair (Madrid)
III Concurso «Mejor entrada» del Blog Derecho y Cultura-Biblioteca de Derecho UAM

Esta entrada, a propósito de la película «El secreto de sus ojos» se debe a la relación entre las neurociencias y la responsabilidad penal.

Las neurociencias son un conjunto de ciencias que estudian la estructura y la función del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan.  Las neurociencias nos han dejado ver que muchas personas que realizan actividades delictivas graves, como, asesinar, violar y/o maltratar, son personas con fuertes trastornos mentales y esto nos lleva a pensar en la responsabilidad penal que tienen sobre estos actos, es decir, si deberían o no ir a la cárcel.

En este sentido,  podemos preguntarnos si las personas con trastornos mentales deben o no ir a la cárcel o, en el caso de que tengan que cumplir condena, si deberían hacerlo con algún tipo de medidas especiales.

Podemos pensar que este tipo de personas no debería ir a la cárcel a causa de sus trastornos mentales ya que las acciones que realizan no son propias de ellos sino que, a causa de este tipo de trastornos, las llevan a cabo. Al mismo tiempo, este tema nos puede llevar a preguntarnos porqué a todas estas personas, sus trastornos les hacen cometer acciones delictivas similares.

Otra argumentación que se podría dar en este caso sería que no deben ir a la cárcel sino a un sitio adecuado a sus necesidades, es decir, un centro psiquiátrico.

Por otra parte podemos pensar que este tipo de personas sí debería tener la misma responsabilidad penal que las demás personas. En este caso las argumentaciones posibles podrían ser que, aunque el impulso de realizar estas acciones sean sus trastornos mentales, aún así deben ir a la cárcel ya que la persona a la que han matado, estén ellos locos o no, seguirá muerta. Este es un argumento bastante usado por las personas afectadas por algún tipo de situación similar a la del señor Morales en la película «El secreto de sus ojos».

Todas estas argumentaciones tanto a favor o en contra de que cumplan con sus penas, se pueden ejemplificar en la película anteriormente ya nombrada. En esta película un hombre con fuertes trastornos mentales, maltrata y asesina a la mujer del señor Morales. Resumiendo mucho el argumento, y estropeando el final a los lectores, el investigador del caso (el protagonista de la película) no es capaz de encerrar de por vida al asesino (tal y como había prometido). Sin embargo, al final descubre que Morales había secuestrado al violador y asesino de su mujer y lo tenía encerrado en una jaula en su propia casa.

En el caso de que pensásemos que estas personas si deberían cumplir con una condena normal (la que se le aplicaría a cualquier otra persona) estaríamos de acuerdo con lo que hace el señor Morales de encerrar entre rejas al asesino con trastornos mentales. Pero por otra parte si cuestionásemos este argumento y nos parece bien que reciban un tratamiento acorde a su enfermedad opinaríamos que el acto realizado por el señor Morales esta fuera completamente de contexto y pensaríamos que la persona que debería estar entre rejas sería Morales, ya que este acto es muy ruin: la persona a la que ha encerrado es una persona con trastornos mentales.

En mi opinión estas personas «especiales» no deberían tener la misma responsabilidad penal que cualquier otra persona, ya que, se trata de acciones impulsivas que realizan sin pensar a causa de estos trastornos. Podríamos decir que, en cierto modo,  no es culpa suya, aunque sea cierto que en muchas ocasiones esos impulsos siempre vayan en la dirección de actividades al margen de la ley. Por tanto, mi punto de vista es que en el caso de que estas personas realizasen acciones delictivas, deberían cumplir condena en un lugar especializado en este tipo de trastornos. Claro que esta es solo la opinión de un estudiante de bachillerato.

jueves, 3 de enero de 2013

El secreto de sus ojos


Por Miguel Calabuch Mirón
Estudiante de bachillerato, Colegio Internacional Altair (Madrid)
III Concurso «Mejor entrada» del Blog Derecho y Cultura-Biblioteca de Derecho UAM

La película en la que voy a centrar esta disertación es «El secreto de sus ojos», un film que narra el camino que sigue un ayudante de fiscal para descubrir al autor de una violación y posterior asesinato, y la situación que se produce cuando el asesino es liberado tras conocerse sus problemas psicológicos .

Esta película abre un interesante tema de debate, cuyo centro es la responsabilidad penal que debe tener un enfermo mental. Este tema es para mí un gran problema en la sociedad actual pues, sabiendo que los enfermos mentales no tienen una visión clara de lo que los rodea y que no tienen control total sobre sus actos, algunos opinan que estos deben ser juzgados con menor severidad mientras otros creen que el hecho de tener problemas psicológicos no debe alterar el modo de juzgar a los acusados.

En este tema tan espinoso tengo una opinión que no coincide con ninguna de estas dos posiciones. En primer lugar creo que no se debe juzgar de la misma forma a una persona totalmente cuerda, que es plenamente consciente de los actos que esta realizando, que a un enfermo mental, cuya percepción de la realidad está distorsionada, y que no es plenamente consciente de la gravedad de los actos que realiza. Pero también creo que el modo de juzgar a un individuo con problemas psicológicos no debe ser menos severo que el modo de juzgar a un hombre cuerdo, pues ambos han realizado un acto igualmente deplorable e ilegal. 

Alguien con un problema psicológico no debe ser tratado como un delincuente en los primeros pasos de su rehabilitación, sino que debe ser tratado en un centro especializado en personas con problemas psicológicos. Cuando comienza a progresar, se le debe concienciar de que ha realizado un acto delictivo, cada vez con más insistencia, para hacerle entender que ese tipo de actos no son correctos. Por último, y cuando ya esté totalmente rehabilitado psicológicamente, se le debe internar en un centro penitenciario, para hacerle comprender que en la sociedad no hay cabida para actos como el que ha realizado, y que estos actos son ilegales y son castigados consecuentemente.

Pero este sistema hipotético tiene varios problemas. En primer lugar, es muy difícil determinar si una persona tiene problemas psicológicos reales o si simplemente esta fingiéndolos para tener un mejor trato por parte del jurado. Esto se puede arreglar de forma muy sencilla, siguiendo al sujeto durante todo el proceso de rehabilitación y, en caso de descubrir que está fingiendo, trasladarlo a un centro penitenciario, sumándole más tiempo de castigo por engañar al  jurado. En segundo lugar, este proceso de rehabilitación requeriría una gran inversión pública, que no es asumible para la mayoría de los países del mundo. Por último, hay enfermos mentales que nunca podrán rehabilitarse psicológicamente, por lo que queda cierta cantidad de gente que nunca podrá reinsertarse en la sociedad, pero tampoco podrá quedarse toda su vida en un centro sanitario bajo continua vigilancia.

Por eso creo que este tema debe ser estudiado cada poco tiempo, cuando los avances en neurociencia permitan mejorar este proceso, y se puedan buscar salidas más adecuadas a este gran problema que se plantea en la sociedad actual y que debería ser remediado lo antes posible.

Por ultimo he de añadir que considero que las personas con problemas psicológicos tienen la misma responsabilidad penal que las cuerdas, y solo creo que deben cumplir las condenas asignadas de modo distinto, pues reaccionan de modo distinto a los problemas, y ven el mundo de otra forma. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Mystic River

Por Marina González Ruiz
III Concurso «Mejor entrada» del Blog Derecho y Cultura-Biblioteca de Derecho UAM

El tema trata sobre la oposición entre las neurociencias y la responsabilidad penal. La responsabilidad penal se basa en el principio de culpabilidad, y éste, en el libre arbitrio de la persona. Así, la responsabilidad penal parte de la existencia de un principio de libertad y autodeterminación del sujeto y elegir comportarse o no según el Derecho. Pero las neurociencias refutan la tesis de que el ser humano actúa libremente y afirman que se encuentra determinado. 

Para abordar el tema, analizo la película «Mystic River», en la que se debate claramente esta oposición a lo largo de la película en los tres protagonistas principales. Esta oposición es más definida y concreta en los personajes de Jimmy (Sean Penn) y David (Tim Robbins), quienes representan, de forma cruel y sangrienta (el tercer amigo del grupo de una forma más abstracta), cómo puede afectar un suceso terrible producido en la infancia.

En esta historia, el personaje interpretado por Tim Robbins (David) es engañado y secuestrado por pederastas (y luego violado) cuando jugaba con sus amigos en la calle, logrando escapar pocos días más tarde traumatizado. Este hecho provocará que los tres amigos se separen.

Veinticinco años más tarde, se vuelven a encontrar tras el terrible asesinato de la hija de uno de ellos, la de Jimmy. Vemos que cada uno ha cogido un diferente camino tras el hecho terrible y cómo han podido sobrellevar el terrible incidente de la infancia, estando compuesto cada ángulo del triángulo del trío por:

  • La víctima (Tim Robbins) ha sobrellevado como mejor ha podido el trauma. Y ha conseguido, dentro de sus posibilidades, superarlo formando una familia y realizando un trabajo, aunque todo con las evidentes secuelas del incidente, o al menos aparentemente.
  • El matón de barrio, ex convicto (Sean Pen), tras ver la crueldad de la vida en su amigo, él sufre la transformación de su iniciativa natural de su niñez en agresividad. Por la vida que ha tenido, decide ser igual de cruel o peor que los demás, pagando con la misma moneda a los que no le tratan bien a él o a su familia, como demuestra cuando mata al padre del «futuro» novio de su hija por no ayudar a su primera mujer cuando esta tenía problemas. Aunque muestra clemencia o compasión por inocentes, al pasar una pensión desde el anonimato a los hijos de los hombres a los que asesina (a los hijos del primer hombre que asesina y a los hijos de su antiguo amigo). 
  • Y el tercer y último amigo, convertido en policía, Sean (Kevin Bacon), lo que nos indica que, a raíz de lo ocurrido con su amigo, puede que sintiese culpa por no haber podido hacer algo para evitar lo ocurrido y se metiese a policía para impedir que suceda a otros lo mismo; y, además, demuestra su inseguridad ante la vida. Tal inseguridad queda patente al abandonarlo su mujer embarazada, pero hace frente a sus miedos al final de la película.

En relación con la idea del tema, sobre la contraposición de la responsabilidad penal y las neurociencias, vemos que los seres humanos ante situaciones horribles e incomprensibles (dado el caso de Mystic River, de unos niños cuando sufren tal terrible suceso) pueden mejorar y actuar libremente según su criterio formado con los años. Así, son capaces de hacer frente a esos traumas como vemos en el personaje de Tim Robbins, quien, después de ser violado cuando era un niño, lleva una vida «normal» (ha conseguido un trabajo y ha formado una familia, e incluso tiene un hijo, al que adora y sobreprotege), aunque sigue atormentado por sus demonios de pasado, a los que «hace frente» cuando salva a un joven de una violación matando al presunto pederasta. También podemos apreciarlo en el caso del personaje de Kevin Bacon, aunque en menor media. Este, atormentado por su culpabilidad, intenta enmendar el error que cree haber cometido al no haber podido ayudar a su amigo intentado que no acontezca lo mismo a otros seres inocentes. También se da en el caso de Sean Penn, que elige su camino de sangre y venganza y mata, impulsivamente, sin esperar antes el veredicto policial, al presunto asesino de su hija. En un primer momento, podemos alegar que el personaje de Sean Penn es el que más cerca está de la determinación de las neurociencias, pero al descubrir su historia a lo largo de la película resulta incorrecto. Él decide matar a quien le hace daño sin realizar antes una investigación 

En conclusión, a raíz de este análisis, deduzco que no estamos determinados como indican las neurociencias, ya que los dos personajes más importantes de esta película toman unas decisiones enfrentándose a su destino o sucumbiendo a sus ansias de venganza, dejando claro que ellos son los que toman las decisiones de su vida, influidos en cierta medida por su pasado, pero teniendo ellos la última palabra para elegir uno u otro camino. 

martes, 1 de enero de 2013

El secreto de sus ojos

Por Irene Beltrán de Heredia López
Estudiante de bachillerato, Colegio Internacional Altair (Madrid)
III Concurso «Mejor entrada» del Blog Derecho y Cultura-Biblioteca de Derecho UAM

Probablemente la vida es lo más valioso que poseemos. Por esta razón, no alcanzo a comprender cómo las personas pueden llegar a despreciarla de tan diversas formas. Por eso, es lógico preguntarse sobre las razones de los asesinatos. Es difícil delimitar las causas de estos crímenes dentro de una misma clasificación, y es que existen incontables variables que se deben tener en cuenta. Es prácticamente imposible acertar siempre a la hora de elegir la respuesta adecuada. En la película el violador y asesino parece sufrir algún tipo de trastorno psicológico, pero es complicado saber como afecta esto a su toma de decisiones. ¿Hasta que punto es culpable una persona afectada psicológicamente? ¿Hasta que punto es consciente un enfermo mental de sus actos y repercusiones?

Llegados a este punto, es necesario hablar de las neurociencias. Esta disciplina podrá ayudarnos a la hora de tomar decisiones de esta naturaleza. Las neurociencias han supuesto un gran avance a la hora de determinar el origen de las conductas humanas y procesos cerebrales. Estas aportaciones han cobrado bastante importancia, influenciando en gran medida la evolución del Derecho Penal. Lo que pretenden resaltar estas neurociencias es el hecho de que las decisiones de los enfermos no siempre son libres, sino que suelen estar determinadas por diversas condiciones que se escapan a lo meramente consciente ¿En que momento se pasa de ser un culpable a un enfermo? Sin embrago, la cuestión es que no podemos analizar a las personas con alteraciones psíquicas generalizando sobre sus comportamientos, sino que debemos abordar su problema, y el de la sociedad con ellos, de forma individual.

El hecho de tener una enfermedad o patología no hace innecesaria la pena. Los enfermos mentales pueden ser igualmente peligrosos y por esto, no deben ser liberados sin más. Podemos replantearnos su culpabilidad jurídica, pero nunca deberían quedar exentos de responsabilidad penal. Sin embargo, el hecho de una condena en una cárcel común es un planteamiento incorrecto. Lo verdaderamente ideal serían instituciones especializadas en este tipo de casos, algún organismo que supiese tratar con esta clase de personas. Pues, en cierto modo, existe un vacío legal en este tipo de situaciones, pese a que hoy en día las neurociencias han facilitado su evaluación. Actualmente, hemos mejorado nuestros conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano, por lo que podemos determinar mejor la prevención y la peligrosidad criminal proporcional a la culpabilidad jurídica del enfermo. 

Por otro lado, una persona que tiene tanta sangre fría como para cometer un asesinato como el de la película, a mi modo de ver, deja de ser en esencia una persona cuerda. La barrera entre lo que es correcto e incorrecto es extremadamente estrecha. 

Quiero creer que las personas con delitos menores pueden reinsertarse. Sin embargo, el caso de la película es tan grave que se me hace difícil pensar cómo. No obstante, el asesino de la película es absuelto y comienza a trabajar como guardaespaldas de un político, sin ni siquiera un juicio. En este caso, es claramente injusto para la víctima y para la sociedad en general, pues se deja una persona muy peligrosa en libertad.  

Por otro lado, me parece conveniente tratar la controvertida cuestión de la pena de muerte. La película desarrolla el tema de la cadena perpetua como alternativa. El marido de la víctima es un claro ejemplo de lo que representa este tipo de pena. Esta  condena no acaba con el derecho principal de los hombres, la vida.

La complejidad de estos temas es grandísima. En la película el novio de la asesinada decide tomarse la justicia por su mano. Aunque su reacción no es, a mi modo de ver, del todo correcta, si que es muy comprensible en un caso tan extremo como el que expone el argumento. Sin embargo, si la justicia se dejase en manos de personas sin preparación jurídica y médica, se corre el riesgo de que la sentencia aplicada sea tan inaceptable e irracional como el delito.

Debería haber un orden penal, pero siempre y cuando este haga un análisis individual de las situaciones. Realmente es muy difícil estandarizar las condenas, pues nunca los casos serán exactamente iguales. Desafortunadamente esto no va a ser fácil de solucionar, es tremendamente difícil que un hombre juzgue a otro hombre. Este siempre será un dilema eterno, pues nunca podrá ser totalmente resuelto.