Una alta tasa de desempleo que afecta en especial a los más jóvenes, empeoramiento de las

condiciones de los empleados, reducciones de salario, aumento del empleo temporal, crisis de los sectores productivos… Todas estas causas provocaron que en un, no tan lejano, mayo del 68 grandes grupos de estudiantes salieran a la calle para manifestar su descontento con la situación económica y política. Pronto se vieron apoyados por otros colectivos: trabajadores, desempleados, sindicatos e incluso partidos minoritarios en lo que podría ser uno de los movimientos populares de mayor calado del siglo XX.
Cuarenta y tres años han tenido que pasar para que de nuevo la ciudadanía alce la voz, en contra de una situación que se nos antoja peor que la de aquel mayo del 68. Y es que muchos se estaban preguntando qué es lo que tenía que ocurrir en España para que la población se manifestara. La situación es insostenible: cerca de cinco millones de desempleados, una precariedad laboral que se manifiesta en la generalización de los contratos de carácter temporal y en la cobertura de plazas mediante becarios incluso en la Administración, en las prejubilaciones y despidos para beneficio de determinadas empresas, en la reducción de los salarios, en la inactividad de los sindicatos y en la constante reducción de derechos sociales y laborales.

Finalmente, se ha producido un movimiento popular sin precedentes auspiciado por la juventud y de carácter apolítico tal y como ha sido denominado. Nadie podría esperar que a través de las redes sociales se pudiera realizar un llamamiento tan masivo y de tal envergadura y además mantuviera su continuidad y se extendiera a la práctica totalidad del país mediante el uso de estas redes y de la comunicación a través de Internet.
Con la convocatoria del movimiento 15M tan próxima a la celebración de elecciones municipales y autonómicas se corría el riesgo de que todo quedara en agua de borrajas porque fue utilizado por los partidos políticos para desacreditar esta iniciativa. Sin embargo, su continuidad ha despejado las dudas. Los principales objetivos del movimiento se centran en lograr una democracia más participativa, con cambios que permitan un «futuro más digno». Todo comenzó con la redacción de un manifiesto para
la manifestación del 15 de mayo, y continúa ahora con la elaboración de propuestas consensuadas en asambleas de carácter local.
El procedimiento es muy loable aunque por ahora se ha mostrado como lento puesto que no se presentan propuestas definitivas de carácter general. Nuestro temor en este sentido es que los ánimos se enfríen, la población se desanime y nunca se lleguen a presentar líneas de actuación que sean aprobadas mayoritariamente por la ciudadanía. De cualquier modo aunque la iniciativa no triunfara en estos últimos aspectos a los que nos referimos, la simple movilización ciudadana que se ha producido hasta el momento es todo un logro en comparación con los tres años de ausencia de respuesta popular ante la crisis.
Algo que nos ha llamado la atención han sido los desalojos producidos en la Plaza de Cataluña en

Barcelona y la violencia con la que se han llevado a cabo. Pensamos que es un hecho despreciable y aunque no ponemos en duda que hubo mossos d’esquadra agredidos, lo cierto es que las imágenes difundidas por televisión solo ofrecen testimonio de un uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía.
Aun es pronto para que documentales de gran calado se hagan eco del movimiento, sin embargo, ya han aparecido los primeros reportajes sobre el tema, como es el caso de «Indignados» proyectado en Informe Semanal el 21 de mayo de 2011:

También recomendamos el documental «El Espíritu de Mayo del 68» (1968), dirigido por William Klein.